De vuelta al puerto y luego del obligado chapuzón en sus playas, seguimos nuestro recorrido por el actual muelle de Cerro Azul, que se erige como un recuerdo del esplendor portuario que gozó esta zona desde fines del siglo pasado hasta su clausura oficial en el año 1965.
Del otro antiguo muelle -que estuvo ubicado muy cerca del cerro- sólo queda el recuerdo. Su espigón sirvió para el traslado de pasajeros y mercadería del sur chico hacia
Lima., Paita y el exterior, pero también como ingreso a las sucesivas migraciones de trabajadores chinos, italianos y japoneses. Entre los años 1849 y 1874 desembarcaron 5 mil migrantes de origen chino. Pero fue el 3 de abril de 1899 cuando se produjo el arribo a Cerro Azul de los primeros braceros japoneses, -quienes luego poblaron las zonas de Cañete, Lima y Callao.
Será por eso que en el cerro Camacho se pueden ver las banderas de Perú y Japón, y un monumento dedicado a los primeros trabajadores japoneses que llegaron al Perú.
En el muelle actual aún quedan las huellas del ferrocarril que transportaba las cosechas de caña y algodón de las grandes haciendas de Cañete, así como los fertilizantes importados de uso agrario. Hoy en día, el muelle es uno de los principales atractivos turísticos de la zona, donde se puede pasear de día o de noche, pescar con caña o cordel, o lanzarse al mar siguiendo a los expertos muchachos de Cerro Azul. Se trata, sin duda, de una de las experiencias "adrenalínicas" que fácilmente puede competir con otros deportes de aventura en el mar.
Junto al muelle también se puede recorrer las instalaciones del terminal marítimo donde todo el día llegan las lanchas cargadas de enormes toyos "diamante" y "azul", tan grandes que semejan tiburones. También abundan los lenguados, rayas, corvinas, chitas y e zorro, un pez considerado "primo hermano de la corvina que sólo se puede pescar en la: aguas de Cerro Azul.
El espectáculo es lo más recomendable para abrir el apetito, así que desde ahí nos dirigimos al cercano malecón del Pueblo Viejo con sus decenas de cebicherías -cómodas) limpias- que ofrecen verdaderos manjares, precios al alcance de todos los bolsillos. La ventaja es que están frente al mar, cuentan con vigilancia permanente y cocheras supervisadas por agentes del serenazgo municipal. Cerca pero más al norte está la enorme zona para camping, con todo tipo de servicios para los veraneantes.
Siguiendo esta ruta se pueden realizar largas jornadas de caminatas o de paseos en bicicleta hasta las playas de Los Reyes (o promontorio natural de rocas que llegan a la orilla del mar) o a Cerro Colorado, llamado así por el color del cerro vecino. Toda esta zona es garantía de un paseo en contacto directo con la naturaleza marina.
Cientos de cangrejos carreteros, rayas varadas por el mar, uno que otro lobo de mar que se asoma y miles de aves guaneras brindan un espectáculo que dejará satisfecho al más exigente turistas ecológico.
Y esta es precisamente una de las disciplinas que se quieren explotar en Cerro Azul. Para esto se ha fundado la Asociación Pro-Turismo (integrada por los propietarios de los hostales y restaurantes más tradicionales del balneario) que en coordinación con el municipio local han identificado los problemas y los mayores atractivos turísticos de la zona.
"Nuestra meta es renovar el empuje turístico que gozó el puerto en la década de los 80 -nos dice Alicia Sánchez Carlessi, propietaria del Hostal Cerro Azul- y hemos diseñado un programa que incluye el rescate de la zona arqueológica, la construcción de un museo de sitio, la reconstrucción del viejo faro y programas turísticos para las temporadas de verano e invierno.
Ella sabe lo que dice pues su tesis de posgrado está dedicada precisamente a proyectos turísticos durante la temporada baja.
"Los feriados de Semana Santa, San Pedro, Día del Trabajador y Fiestas Patrias son oportunos para contactar con las ancestrales tradiciones festivas y gastronómicas de Cerro Azul. La idea es aprovechar todos los fines de semana para realizar caminatas, paseos en bicicleta de montaña, pesca deportiva en muelle o en alta mar y paseos en bote por todo el litoral".
La bella campiña de Cerro Azul está ubicada en la parte más baja del valle de Cañete, de ahí que existe un complicado sistema de drenaje para aliviar la acumulación de agua subterránea proveniente de las capas freáticas.
Sin embargo, este fenómeno garantiza la abundancia de agua potable en todo el balneario y brinda la posibilidad de contar con buenos servicios higiénicos para los turistas.
Esto ha permitido el desarrollo de hostales, restaurantes, pubs y cafeterías en todo el puerto que podrían integrar una Cámara de Turismo para resolver los problemas de limpieza de playas, recuperación de la zona arqueológica, etc.- y ofrecer un óptimo servicio al visitante. Todo ello le ha permitido a Cerro Azul dar el gran salto hasta convertirse en el balneario turístico más atractivo del sur peruano.