Por si fuera poco, es digno de visitar su Museo de Sitio ubicado en el complejo municipal, donde se puede recorrer la historia prehispánica de la zona, observar las impresionantes momias de una madre con su bebé y su mascota -posiblemente sacrificadas-, y contemplar una maqueta de su principal atractivo turístico: el llamado "Machupicchito" o "Markahuasi de Iris", misterioso complejo arqueológico cuyo entorno geológico y estructura urbana nos hacen recordar a la ciudadela inca de
Machu Picchu.
Todo el año es bueno para conocer San Juan de Iris, pero lo recomendable es visitar la zona de mayo a diciembre para evitar los huaicos que afectan la carretera durante la temporada de lluvias (de enero hasta abril).
Una de las fechas célebres es la Fiesta del Agua o "champería", que reúne a los comuneros de toda la zona para limpiar las "champas" que cubren los cauces de los canales de regadío locales. Se trata de una de las ceremonias más tradicionales de toda la provincia de Huarochirí, pero que cobra celebridad tanto en San Pedro de Casta como en San Juan de Iris. La ventaja, empero, está en que Iris cuenta con mejor infraestructura para atender a los visitantes.
En la fiesta participan curacas, callanes, chaupías y los chepes que representan a cada parcialidad (nombre moderno de los antiguos ayllus) hasta que, luego de competencias, danzas y trabajos comunales, al segundo día se elige al "novio" de doña Iralda, una mujer encantada que resguarda la acequia desde tiempos inmemoriales. La fiesta culmina con una gran pachamanca (con carne de gallina, vaca, carnero y vizcacha) y una carrera de caballos con la participación de jinetes de todos los poblados vecinos.
Otras fechas para visitar la zona es durante los feriados de Semana Santa, Fiestas Patrias, 24 de junio (fiestá de San Juan), 1 de julio y el 15 de julio, en honor de la Virgen del Carmen.
Alturas de Machupicchito
Para conocer el "Machupicchito", lo mejor es salir al despuntar el alba y así evitar el calor que reina en la zona durante la mañana. La caminata es casi horizontal, previo ascenso hasta el antiguo camino inca que se encuentra en muy buen estado de conservación.
Para llegar sin contratiempos es bueno contactar con Alfredo Jiménez Retamozo, Juan Carlos Campusano, Andrés Osores de la Cruz o Carlos Orozco, excelentes guías que con su buen humor y conocimientos ayudan a que la caminata sea menos pesada. A ellos se les puede ubicar consultando en la oficina de atención al turista del municipio distrital.
En el camino se pueden recoger un sinnúmero de plantas medicinales y aromáticas, como la muña, ticta, huayllo (o "té indio"), la Yacacha, Hualaluma (llamada "la sangre de grado serrana"), alquiñó (insuperable para los dolores reumáticos), el "zapatito", cola de caballo, salbea, qarqeja o el cunuco.
También se pueden observar las vizcachas y perdices que abundan entre las piedras y arbustos, o sencillamente contemplar el imponente paisaje de abismos, quebradas, montañas y picos nevados.
"Machupicchito" está ubicado a cuatro kilómetros de San Juan de Iris. A buen paso, la caminata dura poco menos de una hora, que se prolonga por los atractivos naturales que se pueden fotografiar o simplemente observar en toda la zona.
Al llegar, lo primero que llama la atención son las siluetas de los viejos andenes que rodean la cima del monumento arqueológico, un risco que nos hace recordar la silueta del
Huayna Picchu. En sus laderas aún se yerguen las estructuras de viviendas, depósitos y tumbas construidas con piedra, y que, en algunos casos, alcanzan hasta cuatro metros de altura.
El camino termina en una pequeña plaza circular, desde donde se pueden elegir dos rutas: hacia las laderas, repletas de construcciones, y otra hacia la cima del monumento, siguiendo un sendero incaico que pasa por abismos, túneles y gargantas abiertas en medio de las rocas.
Una escalera en caracol labrada en la piedra nos lleva hasta la cima del monumento,
donde la visión es espectacular: hacia noreste, las cumbres nevadas de la Cordillera de la Viuda, y siguiendo los otros puntos cardinales se ven los poblados vecinos de Laraos, Carampoma, Huanza y el pico del nevado Colqui, donde nace el río Santa Eulalia.
En las cimas vecinas se distinguen bosques de Maquerhuas y las puntas de las Puyas de Raimondi, que crecen en una zona donde hasta hace pocos meses abundaban las manadas de vicuñas, pero que han sido casi exterminadas por cazadores furtivos y los uniformados encargados de la vigilancia de las torres de alta tensión.
Dicen los lugareños que la cima que domina el monumento de "Machupicchito" era conocida como Puy-Puy, y que las cimas vecinas se llaman Pum-Pum, Qecha, Puquio y Huaycanambo.
Pero lo más sorprendente fue contemplar la densa neblina ascendiendo entre las quebradas hasta cubrir todo el monumento brindando un efecto espectral y misterioso. Entre la niebla, casi imperceptible, pudimos observar la silueta de un cóndor que todos los días pasa por la cima.
Para nuestros guías la presencia de la majestuosa ave no es una sorpresa, pues aseguran que todos los días y casi puntualmente al mediodía ese mismo cóndor baja de las alturas nevadas para vigilar la ciudad sagrada de los antiguos pobladores de la quebrada del río Santa Eulalia.
El paseo continúa por la zona urbana, donde abundan los edificios de uno, dos o tres pisos, con escaleras internas de acceso y habitaciones que sirvieron como depósito y viviendas. Muy cerca, una enorme piedra muestra un perfil humano producido por la erosión, lo que nos hace recordar la "piedra de la humanidad" que gobierna la meseta de Markahuasi.
Un día queda corto para recorrer todo el monumento arqueológico de San Juan de Iris. Lo mejor es acondicionar un campamento o utilizar las habitaciones de piedra que resultan cómodas para instalar las bolsas de dormir, cocinillas y otros pertrechos. Un problema es el agua (igual que en Markahuasi), pero basta con cargar con dos o tres bidones y algunas botellas de gaseosa para aliviar el calorcito del día y preparar un mate bien caliente en las frías noches. En estos días también es necesario llevar ponchos impermeables y buenas botas para soportar las lluvias de temporada.