En su bitácora, Tello dice que partieron a pie, que caminaron cuatro kilómetros y que atravesaron sembríos de algodón del fundo Sechín Bajo, propiedad de Mariano P. Morante. Fue así como llegaron a la falda norte del cerro Corrales, donde hallaron un bloque de granito enterrado que apenas mostraba un extremo grabado con el perfil de un guerrero de cabellos erizados. Muy cerca descubrieron otras piedras grabadas y cientos de fragmentos de cerámica.
"Esto me hizo recordar la manera como encontré en 1919 los fragmentos de piedras grabadas en Chavín de Huántar" -escribió Tello, emocionado con el hallazgo. Los trabajos continuaron. El 8 de agosto la primicia del descubrimiento fue publicada en El Comercio de Lima, encolerizando a Tello para quien "los trabajos científicos se realizan modesta y silenciosamente hasta el final, en que se dan a conocer mediante informes especiales".
Días después, el 21 de agosto, finalizaron las excavaciones con el hallazgo de 98 monolitos grabados en la fachada principal del Templo de cerro Sechín, más 76 moldes en yeso y el estudio de todo el yacimiento arqueológico de Sechín Bajo. Luego emprendieron camino hacia Moxeke, donde Mejía Xespe desenterró una de las huacas más antiguas e impresionantes de América.
Desde entonces son varias las hipótesis que tratan de explicar esa imponente construcción de piedra que contrasta con los edificios, templos y ciudadelas de adobe que abundan en toda la costa peruana.
Resulta obvio que los artistas de Sechín utilizaron los bloques de granito que abundan en los cerros de la zona. Julio C. Tello lo asoció de inmediato a la cultura Chavín, pero recientes investigaciones con fechados de radiocarbono realizadas por los arqueólogos de la Universidad Católica de Lima demuestran que su construcción supera los tres mil años de antigüedad.
Según el peruanista Henning Bischoff la obra se remonta al precerámico final. Pero el misterio perdura al contemplar la sobria representación de un guerrero de expresión feroz y rostro tatuado, ataviado con sombrero cónico, taparrabo con adornos (¿plumas?) que caen hasta la rodilla y portando una amenazante hacha.
El templo de cerro Sechín es una visita obligada para los turistas que pasan por Casma, un poblado de 30 mil habitantes dedicados a la agricultura y la pesca artesanal ubicado a 370 kilómetros al norte de Lima.
Su paciente reconstrucción, su museo de sitio y el edificio para investigaciones recibe a diario numerosos visitantes que tratan de interpretar los complejos dibujos grabados en piedra.
Turismo de altura
Luego de nuestro paseo por la historia entre los muros de Sechín reiniciamos el camino por la Panamericana Norte, hasta al desvío en la población de Pativilca para luego completar los 283 kilómetros hasta la ciudad de Huaraz.
Previamente llegamos a la intersección de Catac desde donde se puede seguir por la autopista hasta Huaraz o seguir los caminos carrozables que van hacia el Callejón de Conchucos o hacia Chiquián, corazón de la cordillera de Huayhuash.
Llegar a Huaraz es una fiesta. Niños de mejillas cuarteadas por el frío y el sol se acercan a brindar todo tipo de hospedaje. Casi nos llevan en peso. Pero escogemos uno pequeño, limpio, y necesariamente barato. Previamente, nada mejor que tomarse un "calientito" (emoliente con cañazo) para soportar el frío mañanero y para olvidar el agotador viaje.
Luego nos integramos al modo de vida de los huarasinos. Para ello -como en todos los pueblos del mundo- el mercado es el lugar donde se concentra la vitalidad y riqueza de la vida cotidiana. Así que sentados en una pequeña banca, realizada en madero de eucalipto, pudimos compartir la alegría de su gente, saborear su inolvidable caldo de cabeza, y admirar su colorida vestimenta.
Después de haber realizado una mirada-micro de la vida en Huaraz era necesaria la contraparte, dar un vistazo a toda la capital del departamento. Y no existe mejor lugar que el Mirador de Rataquenua apenas a dos kilómetros al sur de la ciudad. Desde allí es posible dar cuenta de todo Huaraz además del verdor de sus campos y de sus imponentes nevados. Un punto desde el cual el Huascarán y el Huandoy son presa fácil de los cazadores de imágenes.
Huaylas, callejón de varios baños
El trayecto por el Callejón de Huaylas es quizás uno de los más hermosos que realizan los turistas que llegan hasta esta zona. En todo su recorrido se pueden encontrar hasta dos o tres fuentes de aguas termales, como Monterrey cuya temperatura llega
hasta los cincuenta grados. Más de uno ha logrado superar sus dolencias básicamente reumáticas con sólo bañarse en sus aguas. Otro lugar donde uno puede darse un chapuzón reparador es Marcará, a unos treinta kilómetros de Huaraz. Un bello balneario ubicado en medio de un valle que domina el nevado Hualcán.
Cada kilómetro recorrido ofrece una variedad de paisajes impresionantes. En el flanco derecho la Cordillera Blanca domina el espacio con sus pulcros nevados, mientras que en el izquierdo la Cordillera Negra impone su pétrea presencia. Una interminable línea de pequeñas flores amariIlas de la retama y árboles de molle y eucalipto, desfilan interminables a la vista de los turistas.