HUACAS AL ESCOGER
Después de las ultimas investigaciones sólo puede confirmarse aquello de que en La Libertad existen más zonas arqueológicas por metro cuadrado, que en cualquier otra parte del país.
Chan-Chán encabeza esta larga lista de' estos antiguos centros ceremoniales y urbanos, pero también en sus alrededores se erigen estas sorprendentes construcciones como la Huaca Esmeralda, la Huaca del Dragón; las de Pacatnamú o La Barranca en el valle de Pacasmayo.
Todas.ellas preservan el encanto que los turistas desean admirar: el legado histórico y cultural de una civilización que tuvo predominancia en toda la costa norte de nuestro país.
En las ruinas de Pacatnamú, en pleno valle de Jequetepeque, se pueden observar los palacios, pirámides truncadas y terrazas. Lugares donde los antiguos moradores realizaban sus ceremonias y ritos a sus deidades. Allí se pueden contar hasta 37 huacas, algunas tan altas como un edificio de cinco pisos.
También en Jequetepeque, a un paso de Pacasmayo, se encuentra la Huaca Simón, donde son visibles los restos de su cementerio.
En este sucinto recorrido también hay que nombrar a Cerro Colorado, en la quebrada de Los Organos, apenas a unos 15 kilómetros de Guadalupe. Al recorrerlos con tranquilidad se puede suponer que sus paredes pueden haber pertenecido a un templo donde acudían en peregrinación desde diversos lugares.
Casi bañándose en la desembocadura del río Jequetepeque también son fácilmente reconocibles los muros de adobe de una ciudad que los lugareños le han dado el nombre de Huacas de la Barranca.
Y siguiendo en éste Huaca-tour también es posible hallar, próximos al poblado de Guadalupe, los grupos de Huaca de las Estacas y Huaca de las Lechuzas. También cercano a Chepén, en las faldas del cerro San Sebastián, existen estas huacas prehispánicas.
Como decíamos arriba, en La Libertad paso que das, restos arqueológicos que afloran por doquier. En las quebradas de Cusnique y algo más alejado de la Pampa de los Fósiles, se hallan a serie de construcciones, y en medio de ellas, cosa curiosa, una piedra parecida a un menhir. Seguramente llevada hasta allí para adorar a las fuerzas de la naturaleza.
Al norte de río Chicama también se levantan murallas que pertenecen a tres Huacas como El Brujo, La Blanca y La Negra.
Ni qué decir de Cartavio. Cercanas al poblado todavía se mantiene en pie la Huaca Disputa, y muy cercana a ella también está la jaca Urcape. Y casi en la orilla del mar se pueden admirar las paredes de la Huaca Colpán.
Y eso que sólo hemos recorrido parte de la costa, pues en sus provincias como Otuzco, Huamachuco, Santiago de Chuco y Pataz, también es posible hallar este tipo de construcciones preíncas. Solo es cuestión de armarse de un poquitín de espíritu aventurero y descubrir lo que nos re ce este sorprendente departamento de La Libertad.
ENTRE EL SOL Y LA LUNA
Luego de recorrer los laberintos de Chan-Chán, la ciudad de adobe más grande del mundo y transitar por los hermosos muros decorados huacas Esmeralda y Arco Iris; a los turistas que visitan Trujillo les espera la obligada visita a las huacas del Sol y de la Luna.
Situadas a cinco kilómetros al sur de Trujillo; la silueta de la Huaca del Sol se divisa desde las afueras de la capital liberteña como una montaña de adobe, ubicada en una Ilanura desértica donde prosperó el centro administrativo y ceremonial de la civilización Moche, mil años antes de la llegada de los españoles.
La imponente presencia de la Huaca del Sol asombra a los visitantes pese a que sólo conserva, la tercera parte de lo que fue su estructura original destruida por siglos de desgaste natural, por sucesivos fenómenos del Niño y por la ambición de los primeros vecinos españoles de Trujillo, quienes llegaron a desviar el río Moche hasta partir en dos la inmensa huaca para extraer las joyas de oro del tumbas reales ocultas en su interior.
Fueron años en que los muros de la Huaca del Sol, erosionados por el río, hicieron de esta zona un inmenso lavadero de oro donde acudían los lugareños para recoger las joyas que desenterraba el cauce del río.
Según cálculos realizados por los arqueólogos, la Huaca del Sol tuvo gigantescas dimensiones (345 metros de largo por 160 de ancho, y 30 metros de altura) y se necesitaron 140 millones de adobes para hacer de ésta la huaca más grande del Perú y el monumento de adobe más grande del mundo antiguo.
Por alguna misteriosa razón, esta zona que ahora luce desértica y cubierta de dunas fue durante miles de años el centro ceremonial y urbanístico de mayor importancia del norte peruano. Allí se han descubierto restos de antiquísimos asentamientos urbanos, que evolucionaron hasta la época en que fueron construidas las huacas del Sol (de uso administrativo) y de la Luna (de uso ceremonial) durante el apogeo Moche, para luego mantenerse como centro de culto de las culturas Wari, Chimú e inca.
Los arqueólogos han descubierto restos monumentales que se remontan a los dos mil años antes de nuestra Era hasta la conquista española del Tawantinsuyo.
LA HUACA DE LOS SACRIFICIOS
El aumento de la temperatura, las inesperadas lluvias, la ausencia de peces en el litoral o la sorpresiva migración de aves guaneras, pudieron advertir a los sacerdotes-astrónomos moches la inminente catástrofe climática conocida miles de años después como el Fenómeno del Niño.
La cólera de la Pachamama tenía que ser apaciguada. Para eso fueron convocados 43 jóvenes y adultos a la Huaca de la Luna, un monumento construido en las faldas del apu local (cerro Blanco) como centro de culto y escenario de los sanguinarios rituales moches.