Los tejedores de Narihualá
A sólo dos kilómetros de Catacaos se encuentra el Complejo Arqueológico de Narihualá, juntó al caserío del mismo nombre. Para muchos, este complejo representaría el centro administrativo y religioso más importante de la nación Tallán, aunque no se tienen opiniones concluyentes.
Ahora es una población dedicada a la agricultura y artesanía. Los lugareños tienen como celebración mayor la Bajada de Reyes, festividad que congrega a otros caseríos para mostrar lo fastuoso de su danza y de su música, que mantiene sus raíces aborígenes y los aportes españoles. La fiesta se completa con las comidas y bebidas típicas, como el pepián de pavo y el clarito.
Pero en los últimos años Narihualá alcanzó celebridad por sus tejedores. Usando paja toquilla importada de Ecuador y junco proveniente de Chiclayo, se crea una rica variedad de sombreros, abanicos, individuales y canastas. El trabajo de un tejedor es arduo y poco recompensado. Labora todo un día para obtener una canasta o un abanico, un recuerdo para justificar la visita a la zona.
Tierra adentro
Si bien las playas o la ciudad o los pequeños poblados escondidos en el desierto ya justifican una buena jornada turística en Piura, este departamento ofrece mucho más a los visitantes. Partiendo desde la misma ciudad capital podemos escoger Sullana, al norte y desde allí seguir hasta las serranías de Ayabaca. Otra opción es apuntar hacia el este y no parar hasta Chulucanas, Morropón y la provincia de Huancabamba, tierra de misterios y tradición. En todo caso un nuevo paisaje nos espera. El desierto no es más que un recuerdo. Caminos rodeados de palmeras o el imponente paisaje de los Andes piuranos, la cordillera tropical más alta del mundo, prometen un viaje inolvidable.
Chulucanas, donde la arcilla cobra vida
Un letrero nos indica que estamos en la tierra del limón y el mango. Luego constataríamos que también es cuna de grandes maestros alfareros como Max Inga y Gerásimo Sosa, quienes hacen del barro creaciones fascinantes.
Luego de dos horas de camino desde Piura, Chulucanas nos da la bienvenida, polvoriento, caluroso y amigable. Los churres nos ofrecen "bodoques", y "marcianos". Otros nos alcanzan "chumbeques", esos turroncitos rellenos de miel que sólo se pueden probar en estas tierras.
Sus calles son de un pasmoso silencio. El canto de un ave o el rebuzno de un piajeno se oyen rompiendo por momentos esa tranquilidad envidiable.
No sólo de la agricultura vive el poblador de Chulucanas. También es tierra de alfareros, desde que en 1920 llegaron a la zona, provenientes de Simbilá, un grupo de ceramistas que desplegaron su oficio en la zona.
Tinajas para guardar agua, ollas para la chicha y cántaros para "asentarla" son las piezas más útiles y conocidas de la zona. Los "olleros", como se les conoce, tenían asegurada una clientela, pero con el paso de los años, los baldes y bateas de plástico y las ollas de aluminio, pusieron en jaque su actividad. Muchos se rindieron ante la "modernidad", para otros en cambio, fue un estímulo para dar rienda suelta a su ingenio creador. Uno de ellos fue don Max Inga, emprendedor alfarero que tiene su casa taller en el caserío La Encantada a pocos minutos de Chulucanas.
Su hogar-taller es escenario de creaciones fascinantes hechas de barro, usando sólo sus manos prodigiosas.
La Huaca Enamorada
El caserío La Encantada debe su nombre a las historias de fantasmas y aparecidos quise oyen en todo el pueblo. Don Max Inga nos cuenta que en la zona los fantasmas se pasean como en su casa. La más famosa es la "Huaca Enamorada", una mujer que con sus encantos atrae muchos hombres sólo para hacerles alguna mala pasada. Ella se aparece con chunganas y sonajas, de noche, en medio del camino y atrae a sus víctimas con su belleza. Pobre de aquel que se atreve a despreciar sus encantos. "Si ella se enamora de ti -relata don Max- no se detendrá hasta seducirte y te llevarás el susto de tu vida. La historia de don Max es la más representativa de sus célebres alfareros de Chulucanas.
En 1972, hizo su primera exposición. Pronto empezó a buscar su estilo propio, algo que lo distinguiera del resto, que respondiera a lo que ordenaba su imaginación y su talento mandaba. Fue así que en un arranque de inspiración, sus manos crearon el "Cristo Campesino", imagen que lo hizo famoso dentro y fuera del Perú, tanto así que el propio Juan Pablo II la bendijo en su visita al Perú. La arcilla empleada es de la misma zona. La extraen de una cantera ubicada en las afueras de Chulucanas. La desmenuzan y ciernen con paciencia, así evitan las impurezas que pudiera tener.
Luego la dejan remojando en agua toda la noche dentro de grandes tinajas. Al día siguiente, muy temprano, el barro es extendido sobre costales y es mezclado con arena para luego dejarlo reposar varias horas. Poco después el maestro inicia su labor amasando y modelando la figura. Va tomando el pulso a la masa para que alcance una adecuada textura, usando la vieja técnica del paleteado, consistente en golpear la arcilla fresca con una piedra redonda hasta conseguir la figura buscada. Lo decorativo viene después. Se pinta y se deja reposar el trabajo para posteriormente iniciar el bruñido con piedra y el bruñido final o de acabado.
En la cultura Vicús se usaba la técnica del " negativo", que es darle color oscuro al objeto ahumándolo en el homo en base a la quema de hojas de mango o plátano. Esto es muy utilizado en la actualidad. El artesano busca dar su estilo personal inspirado en personajes de la zona y en los colores que brinda el paisaje.
El maestro Inga no descansa. Desde 1980 dirige una escuela de cerámica para jóvenes, en donde enseña toda su experiencia y su técnica. Don Max Inga, Gerásimo Sosa, Santodio PazYamunaqué y Sullón son algunos de los artesanos más importantes de Chulucanas. Sus trabajos son exportados a Estados Unidos, Europa y a toda Latinoamérica, y han permitido que el prestigio internacional de Chulucanas aumente. Sólo en La Encantada existen 237 ceramistas.
Don Max recibe personalmente a los turistas. Desde su silla de ruedas, mira con esperanza el futuro. Sus obras -nos dice- como prolongación de su persona, recorren el mundo por él.
Huancabamba, la magia de los andes
A ocho horas de la ciudad de Piura, cruzando la cadena occidental de los Andes, se encuentra Huancabamba,
A la provincia más representativa de las sierras piuranas. Durante el recorrido se pueden observar los diversos pisos ecológicos que se van sucediendo desde la costa hasta los casi 3,500 metros sobre el nivel del mar para luego bajar hacia los valles interandinos. En el trayecto pasamos por Canchaque, conocida como la "suiza peruana" en mérito al bello paisaje de grandes montañas y quebradas cubiertas de abundante vegetación. Bosque de cedros y eucaliptos, plantas silvestres con poderes curativos (Ilantén, matico y maique), esconde una rica fauna donde sobresalen los tigrillos, pumas y venados.
Antes de llegar a la capital de la provincia, visitamos Los Peroles y el Cuello del Inca, una
formación pétrea en la cima de una montaña nos hace recordar a Marcahuasi. Y es que la historia de Huancabamba se remonta a las épocas preincaicas. Cuenta con numerosos yacimientos arqueológicos, resaltando el Templo de los Jaguares, el cementerio preínca de Marypampa y en los límites con Jaén, la ciudadela Huarmichina. Para El Templo de los Jaguares está a quince minutos del caserío de Mitupampa y allí se puede observar una gran roca tallada con las imágenes de un jaguar hembra y un macho, simbolizando la dualidad de la cosmovisión andina (el Sol y la Luna, el cielo y la tierra, etc.)
Esta zona fue conquistada por Túpac Yupanqui a fines del siglo XV, imponiendo el culto al Sol sobre el de los jaguares. Los cusqueños también fundaron Caxas y Huancabamba, ciudadelas cuyo esplendor duró hasta la llegada de los españoles, que se quedaron sorprendidos con la majestuosidad de sus palacios, sus templos de piedra labrada, sus caminos y sus sistemas de regadío labrado en piedra, consideradas joyas de la ingeniería hidráulica incaica. Fue allí donde Hernando de Soto encontró un acllahuasi con 5 mil doncellas dedicadas al culto del Sol y del Inca.