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PIURA, UN PUEBLO CON HISTORIA

Una playa bien Caleta
Máncora está ubicada en la provincia de Talara, casi en el límite con Tumbes. "Es una playa bien caleta" -dicen los lugareños- pero de fácil acceso. Está a dos horas y media de la ciudad de Piura gracias al buen estado de la Panamericana Norte. Antes de llegar a la casta, se pasa por Sullana, Talara, El Alto y Los Organos.
Es sin duda una de las playas más hermosas del Perú y el balneario favorito de !os piuranos. Pese a la autopista y a los buenos servicios que ofrece al turista sabe mantener su paisaje agreste, de caleta. El calor no es asfixiante a pesar de que el sol brilla todo el año. Sus playas son de aguas frescas, a veces tranquilas y salpicadas de botes y yates ubicados en el desembarcadero artesanal.
Pero en la parte sur de Máncora está el paraíso del surfing. Olas grandes y largas, de poderosos tubos, esperan a los tablistas que acuden por cientos durante el verano.
Máncora cuenta con diversos restaurantes instalados en la orilla de fa playa y otros en el puebla. Allí se pueden probar los exquisitos potajes norteños.

Los Organos
Media hora al sur de Máncora se divisa la peculiar forma de un tablazo, como tubos enormes de un órgano. De allí el nombre de "Los Organos", una de las playas más conocidas de Piura. El mar es calmo y de aguas transparentes, de ambiente tropical con sus palmeras a lo largo de todo el litoral.
El malecón fue uno de los principales atractivos de este distrito, pero ahora luce muy descuidado, debido evidentemente a la falta de atención de las autoridades ediles. El célebre mirador y hasta las palmeras languidecen por falta de atención.

El Viejo y el Mar
A sólo treinta minutos al sur de Los Organos, se encuentra Cabo Blanco -Km. 1084 de la Panamericana Norte-, pequeña caleta de pescadores de apariencia humilde pero de fama mundial, porque frente a sus costas se puede practicar la pesca de altura, una dura jornada en busca de! preciado y temido merlín. Cabo Blanco hizo fama en 1952 cuando el norteamericano Alfred Glassell capturó un merlín negro de más de 1000 libras, una de las especies más difíciles de capturar.
Un año después, Glassell se convirtió en leyenda cuando logró pescar un ejemplar de 1560 libras. La noticia dio la vuelta al mundo y atrajo cientos de pescadores profesionales y de aventureros a Cabo Blanco. Uno de ellos fue el célebre escritor estadounidense Ernest Hemingway.
El gran escritor había relatado en su célebre novela "El viejo y el mar" la lucha del pescador Santiago con un fabuloso pez, para representar así la batalla diaria por la vida. Permaneció casi un año en Cabo Blanco pero no pudo vencer el récord de Glassell. Sin embargo su presencia quedaría en la memoria tanto de los lugareños como de los jóvenes escritores y periodistas de aquel entonces.
Mario Vargas Llosa, Manuel Jesús Orbegoso y Jorge Donayre llegaron a Cabo Blanco para entrevistar a Hemingway. Para lograr el reportaje llevaron una botella de buen pisco en la que Orbegoso escribió: "Mientras lloren las uvas yo beberé sus lágrimas". Jorge Donayre añadió: "A Ernest Hemingway, de sus admiradores y noveles colegas peruanos". Al recibirla, y leer la inscripción, el escritor diría: "Yo beberé estas lágrimas y después guardaré la botella". Desde entonces, Cabo Blanco se convirtió en una visita obligada para los turistas que llegan a Piura no sólo por la pesca de altura, sino también por sus olas y sus hermosas plavas.

Dios llegó por Colán
Colán, también conocida como La Esmeralda, queda a sólo una hora desde la ciudad de Piura, a 16 kms al norte de Paita. Es considerado como uno de los balnearios más hermosos de la costa piurana. Sus casas se encuentran al borde de la orilla sobre estacas de madera sujetas con piedras para defenderlas de los embates del mar.
Aquí podremos encontrar los más ricos potajes a base de pescado y mariscos. El cebiche de ostiones o un imponente ostiones al ajo. Usted repetirá indefectiblemente.
A unos diez minutos se encuentra el pueblo llamado San Lucas de Colán, donde se ubica el más antiguo templo construido en el Perú, de importancia en la evangelización de esta región. Su construcción data de 1536 y fue obra de los padres dominicos.

En la luna de Paita
A 55 kilómetros de la ciudad de Piura se encuentra Paita, puerto de encanto, que ha sabido conservar su monumental arquitectura, de origen colonial y republicana.
Desde el mirador -en lo alto de la ciudad se puede observar toda la belleza del puerto: el mar azul salpicado de botes de recreo, el esplendor de sus playas, la imponente basílica de la Virgen de las Mercedes, la Capilla de las Tres Cruces, el terminal marítimo, y las calles y casonas del puerto.
Y nada mejor que visitar el mirador en las noches de plenilunio para comprobar la fama y belleza de su luna llena alumbrando el cielo nocturno del puerto. Frente a las costas de Paita chocan los cursos de la corriente peruana y del mar tropical, brindando a la zona un clima especial y unas noches limpias, sin la neblina que acompaña otros puertos de la costa peruana. Paita es también un lugar cargado de historia. Fue capital del departamento con el nombre de San Francisco de Buenaventura hasta que fue saqueada e incendiada por las tropas del pirata Cavendish en 1587.
Aquí transcurrieron los últimos días de Manuelita Sáenz, la amante más célebre del Libertador Simón Bolívar y sirvió de albergue también a su maestro y protector, Don Simón Rodríguez.
Otro de los vecinos ilustres fue el italiano José Garibaldi, unificador de Italia . Durante la Colonia fue puerto obligado para las naves que llegaban desde España o de Panamá. Y es que para los barcos a vela resultaba difícil navegar hacia el sur contra la corriente peruana y optaban por desembarcar en Paita, desde donde partían las caravanas hacia Lambayeque, Trujillo, y otros puntos del país. En los meses de verano, sus calles y plazas se colmaban de visitantes alegres y bulliciosos que hicieron del puerto el balneario de moda.
Parte de ese esplendor aún queda reflejada en sus casonas y otras edificaciones monumentales. La Casa Raygada, donde funciona actualmente un hotel, o la antigua Escuela Náutica, en la que estudió Miguel Grau, hoy edificio de la Aduana, son muestras de ese pasado. En el jirón Junín se ubican los belfos balcones republicanos restaurados.
En su plaza de armas, se han levantado cuatro pérbolas y tres soportes de madera que, según explicación de sus autoridades, buscan reemplazar los árboles -entre ficus y tamarindos- que fueron talados y que brindaban a los paseantes sombra y frescura. En las tardes, cuando baja la temperatura tropical, nada mejor que una visita al Malecón Jorge Chávez, donde se encuentra el famoso Club Liberal, joya de la arquitectura porteña.