Parque Nacional Cerros de Amotape
El desierto verde
Cuando los conquistadores españoles cruzaron esta región rumbo a Cajamarca les llamó la atención el color azul de sus cerros, similar al del amotape de algodón con el que las mujeres españolas confeccionaban sus faldas. Desde entonces a esta zona la conocen como cerros de Amotape.
Situada entre los departamentos de Piura y Tumbes, es el único en el país que posee el denominado bosque seco ecuatorial de apariencia inhóspita pero que alberga una variada fauna y una flora que tiene al algarrobo como su especie más representativa.
Lo primero que llama la atención del turista es la marcada diferencia entre ambas márgenes del río Tumbes. Al lado derecho está el bosque tropical y al margen izquierdo el bosque seco, con sus suaves colinas salpicadas de algarrobos. Allí se percibe un clima muy especial, con zonas secas propias del desierto y otras muy húmedas, semejantes a la amazonía. Sin embargo, la temperatura promedio no sobrepasa los 24 grados centígrados.
La Cordillera de los Andes y las corrientes marinas influyen decididamente en el clima casi desértico de esta región. Sólo el fenómeno de El Niño modifica el paisaje generando torrentes que incrementan las aguas subterráneas beneficiando a los árboles de la región.
Se encuentra dividida en cuatro zonas de vida que comprende una variada flora y fauna muy peculiares. Tiene como asociaciones vegetales predominantes el Ceibal, Chaparral, el Algarroba¡, y, en grave peligro de extinción, el cedro, ébano, hualtaco, y el palo santo, entre otros.
En pleno corazón del parque se ubica al ceibo, con su infaltable compañera la salvajina. El ceibo de color verde agua, que a la luz refleja una ligera fosforescencia, posee un grueso y alto tronco que llega a medir hasta cuatro metros de diámetro, así como ramas desprovistas de hojas que caen antes de la floración. Miden aproximadamente 30 mts. de altura y su presencia en el bosque semeja un enorme e imponente guardián. Los hay con púas, y otros de un color plomizo con costuras que rodean el tronco, a los que denominan pretinos.
El ceibo, conocido por los norteños como barrigudo o palo borracho, contiene en sus ramas copos como de algodón usados para fabricar colchones. Se sabe ahora que nuestros antepasados utilizaron su corteza para combatir el reumatismo, y su goma para enfrentar problemas intestinales, medicina tradicional recuperada en estos días.
El algarrobo, árbol de fina madera, constituye la especie forestal más significativa de este bosque. Su presencia era masiva, pero hoy, después de sufrir la tala indiscriminada, se han reducido considerablemente. Sus fuertes raíces se hunden en la tierra para captar los nutrientes de las aguas subterráneas.
A los lados de la trocha que atraviesa el bosque, existe un arbusto de tallo algo corto y flores en forma de campanilla. Es la ipomoea carnea, conocida por los lugareños simplemente como la borrachera, debido a los efectos que produce en las cabras. Estos arbustos de flores color rosado o lila son muy hermosos y de apariencia inofensiva. Sin embargo constituyen todo un problema para los pobladores de la zona. Crece en climas cálidos y secos, en terrenos donde el sol llega de manera directa. Se reproduce con mucha rapidez, a manera de enredadera, flanqueando los árboles.
Según nos explica el encargado del Parque Nacional Cerros de Amotape el bosque tupido, constituido principalmente por el algarrobo, proyectaba una gran sombra sobre el desierto, lo que hacía que la borrachera--arbusto que necesita grandes dosis de luz- se mantuviera dentro de ciertos límites y no incontrolada como ahora, luego de la tala indiscriminada de las especies forestales.
Entre las aves que habitan los cerros de Amo- tape sobresalen el cóndor andino y el cóndor real de la selva. Bandadas de pericos y de las cotorras conviven con los pájaros carpinteros, con el inguaraguá, el cormorán y el colorido turtuquilón o putilla, de plumaje rojo brilloso.
Desplazándonos al corazón del bosque, en su parte de follaje más tupido, podemos encontrarnos con el oso hormiguero. Busca situarse en las copas de los árboles desde donde divisa su alimento. En caso de no ubicar hormigas, se dirigirá a los panales de abejas, que devorará en pocos minutos. Al sentir algún ruido advertirá el peligro y se ocultará en los huecos de los troncos hasta que perciba que ha pasado. Tiene un pelaje blanco y sus garras son muy poderosas, utilizándolas para defenderse.
El bosque también es recorrido por el puma, siempre en procura de un venado gris, su alimento preferido, o el sajino, la ardilla de nuca blanca y el venado rojo.