Otro habitante del lugar es el pájaro carpintero. Su alimento consiste en larvas y demás insectos que extrae de los árboles en estado de putrefacción. Su pico es tan potente que destroza la corteza con el martilleo incesante. Se calcula que este pequeño pájaro puede golpetear hasta 30,000 veces al día.
Una de las plantas que abunda en la zona es la salvajina. Crece sostenida por las ramas de los árboles, de preferencia del imponente ceibo -al que los lugareños denominan "barrigudo"- o también del pretino, familiar del primero.
La salvajina es una planta a la que los científicos llaman "epífita", es decir, inquilina de otro vegetal, pero a diferencia de las plantas parasitarias, la salvajina no extrae su alimento del ceibo. Es la compañera permanente de estos guardianes majestuosos de la selva tumbesina.
En el bosque se pueden apreciar un rica variedad de árboles maderero el hualtaco, el cedro, el palo de balsa, el laurel, la oreja de león y otro más. Pero esta riqueza es al mismo tiempo una maldición, pues atrás cientos de madereros furtivos que siguen talando en la zona afectando seriamente el ecosistema tropical. El problema se agrava si consideramos que este tipo de bosque tropical sólo es protegido en el Perú, mientras que al otro lado de la frontera, en territorio ecuatoriano, persiste un deliberado descuido de los bosques tropicales para promover la política de poblamiento de fronteras. Desde el lado peruano pueden verse carreteras afirmadas y otras construcciones de carácter ganadero, a sólo metros de nuestra área protegida.
Una especie que abunda es el pechinche, también llamado casposo. Su tronco remata en lo alto, en placas cubiertas de escamas córneas parecidas a las del armadillo. El cedro, antaño en abundancia, todavía tiene fuerte presencia en el bosque. Su fina madera es un gran atractivo para los parqueteros. El cedro mantiene una silenciosa pelea con el matapalo, que lo rodea semejando una lucha por el espacio vital.
El ambiente es muy atractivo para la fauna de diferentes regiones. Así, en la selva baja, se encuentran el otorongo, el machón blanco, y la hualilla; de la selva alta, están presentes el cóndor y el precioso venado gris; del desierto costeño se aprecia el chisco; y del bosque seco, la ardilla de nuca blanca.
La riqueza de estos bosques radica precisamente en que se han convertido el último refugio de muchas especies en extinción, como el mono coto o mono aullador, la nutria del noroeste y el cocodrilo de Tumbes.
Al mono coto se le localiza en las ramas de los árboles, de preferencia las más altas, viviendo en pequeños grupos "familiares". Su alimento consiste en las hojas y los frutos de los árboles, como el casposo o la moena. Llegan a pesar entre 7 y 9 Kilos, y poseen una cola muy fuerte, la que les permite mantenerse colgados de las ramas. La característica que los identifica es su fuerte aullido, que puede ser oído a gran distancia.
El cocodrilo de Tumbes sólo sobrevive en la parte alta del bosque, escondiendo su presencia del hombre que lo ha cazado hasta casi desaparecerlo. Busca del sol para atemperar su organismo de sangre fría. Puede llegar a medir hasta 4 metros de longitud y viven hasta 40 años. La torpeza de sus movimientos en tierra firme contrasta con lo ágil que se muestra en el agua. Llegan a pesar 100 Kg. Su alimento es preferentemente, peces y cangrejos. A pesar de su estampa de ferocidad no se conocen casos de ataques a seres humanos o al ganado.
Todo esto podrán comprobar los turistas que visiten el Bosque Nacional de Tumbes, pero al otro margen del río nos espera otra aventura en el Parque Nacional Cerros de Amotape.
El río Tumbes, Aguas de vida
Al río Tumbes le debemos el milagro de vida que habita la Reserva de Biosfera del Noroeste. Su cauce es una frontera natural entre el bosque tropical y el bosque seco generando una enorme variedad de especies animales y vegetales que hacen de la reserva un laboratorio natural único en el planeta.
Nace en las cordilleras de Zaruma. Ecuador, de la unión de los ríos Amarillo y Calera y es conocido con el nombre de río Puyango.
Tiene una extensión total de 1,864 kilómetros. En territorio peruano atraviesa una zona montañosa de densa vegetación llegando hasta el Pago de Zapallal y al Salto del Tigre, para luego formar impresionantes cañones y cascadas hasta volverse navegable desde la zona de Higuerón, pasando por la ciudad de Tumbes hasta su desembocadura en el Océano Pacífico, formando un gran delta y el ecosistema de los manglares. Su caudal es regular durante todos los meses del año, siendo el único río navegable de la costa peruana.
Y es precisamente la navegación del río Tumbes una experiencia inolvidable para los turistas que aman la aventura.
En el verano o por efectos del Fenómeno del Niño ocurren las crecidas, provocando la inundación de áreas adyacentes. Pese a que su desborde afecta a los campesinos que habitan en sus orillas, al mismo tiempo crean los llamados jagüeyes, bebederos naturales que sirven para atraer a venados, zorros y pumas. En estos bebederos, también se desarrollan cangrejos y sapos de gran tamaño.
La iguana o pacazo es otro habitante del lugar. Sus sitios preferidos son los acantilados de las orillas y los silenciosos algarrobos. Tiene un aspecto fiero, como todo reptil saurio. Su carne es muy sabrosa e integra el menú de los lugareños desde antes de la llegada de los españoles. También es la presa favorita de los zorros y las águilas.
Con un poco de suerte y mucho tiempo disponible se puede observar también al imponente cocodrilo de Tumbes, amo y señor del río, pero que se encuentra en peligro de extinción.