No sólo de playas vive el turista que visita Tumbes. Tierra adentro, allí donde no llega la brisa marina, un paisaje fascinante e inusual espera a los visitantes.
Se trata de la Reserva de Biosfera del Noroeste, nombre con el que los científicos denominan a tres ecosistemas distintos pero convergentes: el bosque tropical del Pacífico, el bosque seco ecuatorial y los manglares, que albergan variedades de flora y fauna únicas en el mundo. Un paisaje que sólo se puede ver en el Perú, pues al otro lado de la frontera los ecuatorianos han colonizado la zona, devastando todo el paisaje tropical.
Esta reserva nacional ocupa casi la mitad del territorio del departamento de Tumbes y el extremo norte de Piura, y está constituida por el Bosque Nacional de Tumbes, el Parque Nacional Cerros de Amotape y el Coto de Caza El Angolo, con una extensión total de 230 mil hectáreas. A esto se suma el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes, un sistema ecológico de 3 mil hectáreas que sólo se ve en esta parte del Perú.
El río Tumbes atraviesa la Reserva forjando un paisaje sin igual. Por un lado la selva frondosa con una flora y fauna que semeja los bosques amazónicos, y por el otro margen el bosque seco con su paisaje desértico y sobrecogedor.
Es así como los turistas podrán recorrer selvas tropicales que llegan hasta la orilla del mar, cursos de agua que se secan durante el estiaje formando pozas - jagüeyes- donde sobreviven una enorme variedad de peces y crustáceos; parajes casi desérticos donde sólo la sombra de los algarrobos permite escapar del calor o el espectáculo de las raíces y ramas de los manglares sumergidos en las orillas del mar.
Por si fuera poco, la Reserva de Biosfera del Noroeste cuenta con una fauna única en su género: caimanes, iguanas, pumas, gatos silvestres, osos hormigueros, boas, armadillos, monos, venados, loros, palomas, halcones y otras especies que dejarán satisfecho al turista más exigente:desde aquel armado de una cámara para cumplir una jornada de safari fotográfico en las selvas tumbesinas, hasta aquel otro armado con su escopeta para realizar un safari de verdad en el Coto de Caza El Angolo.
La selva frente al mar
A sólo 51 kilómetros al sureste de la ciudad de Tumbes, en la parte sur de la Provincia de Zarumilla, se encuentra el Bosque Nacional de Tumbes, reconocido por Decreto Supremo 007-57 y posteriormente como Zona Reservada de Tumbes, mediante la R.M.N 059494-AG del 28 de noviembre de 1994.
Está ubicado en la margen derecha del río Tumbes, hasta la frontera con el Ecuador. Partiendo de Tumbes recorremos una pista asfaltada hasta el distrito de Pampas de Hospital. Luego seguimos por una trocha carrozable hasta un puesto asignado a los guardabosques en Isla Noblecilla. De allí en adelante se puede seguir a pie o, con un poco de suerte, alquilar un caballo para internarnos en la selva.
Conforme avanzamos el ambiente se vuelve húmedo, a diferencia del asfixiante calor que nos dejado en la ciudad. Esta humedad es la que mantiene el verdor de la zona en invierno, transformándose en una selva durante la estación de lluvias. El paisaje tropical se acentúa después de cada Fenómeno del Niño cuando las lluvias y los desbordes del río cubren de fertilizantes cada centímetro cuadrado del bosque, renovando todo signo de vida de la Reserva.
El Niño es como una bendición para este trozo de selva que sobrevive en el norte del Perú, pero se convierte en una pesadiÍla para sus habitantes, debido precisamente a !a vulnerabilidad de la presencia humana que no respeta aquellos territorios que tarde o temprano serán reclamados por !as crecientes y desbordes del río.
Continuamos nuestra marcha para contemplar las colinas cubiertas de vegetación bajo una densa neblina que viene desde la vertiente oriental de los Andes provocando cómodas temperaturas que no sobrepasan los 24 grados centígrados. Todo este ambiente es propicio para una flora y fauna inigualables. Su paisaje es parecido al apreciado en la selva alta de nuestro país, pero se distingue porque está casi frente al mar, en el flanco occidental de los andes peruanos.
Lo primero que llama la atención de los visitantes es la música de este bosque encantado: es el viento que se filtra entre las ramas de los árboles confundido con el canto de las aves. El trogón, de plumaje variopinto, es todo un trovador. Muy cerca siempre se ubica el llamado halcón de los caminos, excelente cazador, acechando los nidos de otras aves para devorar los pichones. Esta ave depredadora no deja de tener atractivo, sobre todo cuando despliega sus alas y nos regala un limpio y elegante vuelo.